18/6/11

HISTORIAS DE MARCOS: LA CARGA POLICIAL

Bueno, como cada dos semanas, hoy me toca publicar una historia larga... La cosa es que, como la semana pasada ya escribí sobre música, hoy toca un relato, y como los textos de la vida de Marcos me inspiran con facilidad y me aportan un grado extra de inspiración, he decidido que voy a hacer una serie de historias con este personaje. Espero que la de hoy os guste.

Historias de Marcos: la carga policial

Estaba siendo un día curioso para Marcos. Fuera de las paredes que le rodeaban había cientos, quizás incluso miles de manifestantes. Aquello que empezó como una pequeña manifestación en Madrid había acabado con unos de los movimientos más importantes de las últimas dos décadas. Divertido pensaba que los estudiantes que aquel día estaban haciendo su examen de selectividad se habían salvado, pero que quizás en dos o tres años ya seria materia de estudio y que les odiarían profundamente por complicarles más el trámite para acceder a la Universidad.

Él se encontraba en un aula de informática, pegado delante de una pantalla de ordenador mientras intentaba concentrarse en la materia que esta le mostraba. Como cualquier estudiante, padecía del fenómeno más conocido entre su comunidad: sufría por los exámenes, tenia que estudiar, pero sin embargo, el órgano más importante para esta tarea se encontraba fuera de servicio. Su mente se distraía con suma facilidad, hasta el punto de que cualquier cosa hacia apartar sus ojos del documento que leía, y el hecho de que las protestas estuvieran justo al lado de donde él se encontraba no ayudaba para nada. Además, todos los compañeros que estaban con Marcos en el aula se levantaban al más mínimo indicio de actuación por parte de las fuerzas del orden, que por precaución, habían acordonado todo el recinto.

Pero mientras volvían a escucharse las sirenas de los vehículos policiales en la calle y, de nuevo, toda la gente se agolpaba contra las estrechas pero altas ventanas que permitían una visión privilegiada de la nueva carga policial (esta vez especialmente violenta), él empezaba a pensar en que era lo que realmente lo tenía tan desconcertado. Ciertamente no era lo que pasaba al lado de los muros del parque de la Ciutadella, de los que ya tenía una más que formada opinión, sino de algo más profundo y complicado. ¿Qué era? Su subconsciente no le relevaba aun el secreto, pero era claro que lo tenía ocupado en los menesteres equivocados en aquel preciso instante.

- ¡Mirad! ¡Cinco antidisturbios están reduciendo a un sólo manifestante! - dijo alguien de la sala, mientras apuntaba la escena con su dedo índice para que todos los presentes pudieran ver la escena. Expresiones de indignación recorrieron el aula de informática mientras Marcos continuaba cómodamente sentado en su silla. Alguien le recrimino el poco interés que mostraba por lo que pasaba. Levanto la vista de la pantalla para mirar fijamente a la persona que le hablaba y, con un tono duro y algo borde le espeto: "Me da igual lo que este pasando, estos están aquí para montar follón y tocar las narices... Los del movimiento original no eran estos." El gesto de la cara del que había recriminado fue de tremendo desacuerdo. A Marcos no le importo. Desvió la vista de nuevo a la pantalla del ordenador y intentó volver a la línea donde estaba antes de que la carga policial empezase. Pero no lo consiguió.

Se oyeron disparos de las escopetas de pelotas de goma que llevaban los antidisturbios. La cosa se estaba poniendo fea y la gente que se encontraba en la calle no acaba de decidirse a huir de la carga. Era como si algo en su interior les obligara a permanecer allí, a no moverse. Algo como lo que impedía a Marcos concentrarse. Pasaron unos minutos antes que la carga acabará y todo el mundo volviera a su asiento, pero fueron insuficientes para que Marcos fuera capaz de dar con aquello que tanto le entretenía.

Al final se dio por vencido y realizó una de las acciones más conocidas para concentrarse en lo que tenia que hacer: no pensar en lo que le estaba distrayendo. Dejo esa pequeña y pesada molestia para sus ratos filosóficos debajo del agua de la ducha o sus largos viajes en metro. Al fin y al cabo, sólo le faltaban dos horas y media para el siguiente momento de reflexión, así que fijo su vista en el documento y el bolígrafo empezó a bailar sobre el papel para crear un resumen de aquello.

Espero que no os moleste que este relato este algo vacío de contenido, pero necesito más tiempo para poder generar una historia trabajada y ahora, con unos exámenes finales que empiezan el lunes, me resulta complicado. Aprovecho para avisar de que, en las próximas dos semanas, intentaré publicar una o dos entradas nuevas, pero todo dependerá de como lleve el farragoso estudio. Y también os anuncio que este verano no habrá un parón del blog, así que seguiréis recibiendo noticias mías.

Sin más que añadir, os mando un saludo a todos y todas,

VicRCDE

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